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La Coctelera

dulcemusic

17 Agosto 2006

El Egoísmo

Egoísmo es amor excesivo que uno se tiene a sí mismo anteponiendo los propios intereses a los de los demás. Es ese inmoderado amor a sí mismo, que hace a la persona ordenar todos sus actos hacia el bien propio, ignorando a los demás. El egoísmo no es más que el medio de convertirlo todo en utilidad propia.

El egoísta, un ser que se ama a sí mismo sin rivales, es siempre un espectáculo repugnante, es algo así como un voraz gusano que por donde pasa lo devora todo. Para él no existen más intereses que los propios. Sus opiniones son las únicas que merecen ser tenidas en cuenta. Sus necesidades son siempre superiores a las de los demás. De hecho, parecería incapacitado para comprender la necesidad ajena. El egoísta es duro como una piedra con los demás, ya que para su mentalidad, que es más estrecha a medida que es más egoísta, el mundo se reduce a él mismo. Los demás no tienen importancia para él.

Estas personas, de corazón estrecho, hallan la plenitud emocional, alimentando su inseguro ego, saciando sus propios placeres, asegurándose de salirse con la suya. Esta gente, al tener que tomar una decisión, se formula las siguientes preguntas: ¿Cómo me incumbe a mí? ¿Qué beneficio obtendré? ¿Encaja en mis planes? No importa si lastima a otros. Este es el tipo de persona que no comparte nada con nadie, que no se interesa en nadie, que no está dispuesto a cargar con la cruz de sus semejantes. ¿Que alguien llora? ¿Que alguien sufre? ¡Qué pena! Pero tengo suficientes problemas propios. Es su eterna respuesta, en lugar de decir: ¡Permítame ayudarle!

Juan usa una palabra muy reveladora para describir el egoísmo, la expresión "Cerrar el corazón":

"Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿Cómo mora el amor de Dios en él?" (1 Juan 3: 17).

Hay tres tipos de egoísmo:

Primero, darme el gusto de darme gusto. La medida del éxito de los egoístas consiste en saber cuánto pueden apartar para ellos y de qué pueden asirse.

Segundo, darme el placer de agradar a los demás. Este es el tipo de egoísmo más refinado: servimos porque necesitamos que nos necesiten. Aquí el egoísmo está oculto, muy oculto, y por eso es más peligroso, porque llegamos a pensar que realmente somos maravillosos.

Tercero, hacer cosas para no sentirme mal. Es actuar por sentimiento de culpa. Este es el peor tipo de egoísmo. En este caso mi caridad es realmente el amor propio disfrazado de altruismo. Mi egoísmo se manifiesta bajo apariencias de bondad. Esto es lo que podríamos llamar la farsa de la caridad.

Por ejemplo, algunas madres desean inconscientemente que su hijo continúe siendo un “niño pequeño” durante el mayor tiempo posible. Algunos padres desean formar a los hijos a su imagen, quieren que su hijo continúe su profesión, su apellido, etc. Son padres autoritarios que “dan hasta la camisa por su hijo” para así dominarlos mejor.

Por otra parte, el amor de sí mismo no sólo se expresa en el orgullo, la vanidad y las ambiciones desmedidas, sino en una enfermiza preocupación con sus propios problemas, tanto físicos como de otra naturaleza. El egoísta llega en su extravío, aunque esto parezca una simpleza, a creer que hasta sus enfermedades son más terribles que las de los demás y por lo tanto, cree que merece más consideración que nadie. Habla constantemente de sus enfermedades, las mima y piensa que todo el mundo tiene la obligación de mimarlas como él. Jamás esta satisfecho con lo que tiene. Vive martirizado por lo que no posee. Vive pensando en lo que cree que le falta. Se desespera, es infeliz y la codicia le roe el corazón. Sí, el egoísmo es una bomba que no alcanza a ser colocada y estalla destruyendo a quien la lleva.

La conducta del egoísta es un mal negocio, pues aunque le lleve a ciertas ganancias, éstas no compensan nunca las pérdidas ocasionadas por una manera tan errónea de vivir. Y no tarda en sentirse solitario y desgraciado. Quien vive egoístamente y sólo para su propio bien, de espaldas a los demás, es el ser más infeliz y miserable del mundo.

“Si el egoísmo no existiera el mundo sería un paraíso”

servido por Dulce María 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

cris

cris dijo

Me gustó muchotu texto, creo que tienes bastante razón, hoy en día el egoísmo y el afán de poder son los factores por lo que más se mueve la sociedad actual, o al menos así pienso yo. Cierto es que si el egoísmo no existiera el mundo estaría exento de grandísimos problemas tales como la pobreza. Muy bueno el texto :)

Saludos

http://www.lacoctelera.com/ak-viejalocacongatos

17 Agosto 2006 | 01:25 PM

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